kaneda's room

domingo, enero 22, 2006

Memorias de una Geisha

La noche en que la madre de Chiyo empeoró, su padre tiró al mar todos los peces de la cena. Intentaba que sus dos hijas sintiesen con los estómagos vacíos lo que significa perder a alguien. Preparaba a ambas para la experiencia traumática de alejarse de su familia y comenzar una vida muy distinta en un 'hanamachi', un barrio de 'geishas'.
Chiyo, la pequeña que dejó su casa, entra como sirvienta y sale como Saruyi, una verdadera 'geisha'. Una mujer que convertirá su vida en arte y a la que desearán todos los hombres con una simple mirada. Pero que nunca deberá enamorarse.
Esta es la historia de Chiyo, la pequeña niña que se convirtió en geisha en la pelicula de Rob Marshall basada en el libro homónimo de Arthur Golden. La cinta aunque rodada en California refleja muy bien el ambiente del Japón de los años 20, la fotografía es genial y la banda sonora una soberbia partitura del gran John Williams.

La historia me ha gustado mucho aunque en algunos momentos la pelicula se hace un poco lenta, pero en general es un buen ejemplo de cómo hacer buen cine. Cómo es normal en una adaptación de un libro faltan cosas que contar y se suavizan algunas otras como la escena del Dr.Cangrejo.
El reparto para mí es de lujo con unas preciosas actrices ( aunque eso sí, chinas ) Zhang Ziyi, Michelle Yeoh y Gong Li en los papeles de Chiyo/Sayuri, Mameha y Hatsumomo respectivamente. En la parte masculina destaca Ken Watanabe que cada vez se está haciendo un hueco en el mercado americano con cintas cómo Batman Begins ó El último Samurai.
¿ Pero, que es exactamente una Geisha?, muchos creen que las geishas eran prostitutas y no pueden estar más equivocados.

Durante los años 30, justo antes de que Japón y el propio emperador cayeran en desgracia por la Segunda Guerra Mundial, los negocios y las relaciones personales de los hombres se despachaban en las casas de té. Las reinas allí eran las 'geishas', mujeres formadas desde la infancia para complacer a sus clientes y mantener económicamente al resto de integrantes de su 'okiya', su casa.

Estas artistas (la palabra 'gei' significa en japonés arte) salían de sus hogares de noche para atender sus compromisos, después de dedicar mucho tiempo a su arreglo personal.

Maquillaje blanquecino, carbón para los ojos y rojo intenso para los labios. Una peluca de color azabache y un precioso kimono para deslumbrar y que el señor que hubiera requerido sus servicios quedara muy bien ante sus invitados. Como calzado, unas chanclas con una plataforma muy alta que nunca mostraban sus pies, gracias a unos curiosos calcetines que separaban el pulgar del resto de sus dedos.

Ya en las fiestas, tocaban el 'shamisen', un instrumento de cuerda, cantaban y danzaban con sus abanicos, servían el té o entretenían con su conversación. Su objetivo último era conseguir un protector, un 'danna', que las mantuviera el resto de sus días, cuando su belleza ya hubiera marchitado. O heredar la 'okiya' y vivir del trabajo de las nuevas 'geishas'.

Sus saberes requerían de muchos años de preparación por lo que ingresaban de niñas en unas escuelas específicas.

Cuando sus estudios concluían, la formación de estas jóvenes continuaba como aprendices ('maikos') de sus 'hermanas mayores' ('o-nêsan'), a las que acompañaban a las casas de té. Las 'hermanas' se encargaban de que los caballeros las conocieran. Cuanto más populares se hacían, más subía la puja por su virginidad y la 'okiya' se beneficiaba del éxito.

Los encuentros sexuales por dinero no eran tan habituales como se piensa, por lo que jamás se las consideraba prostitutas. Su posición era bastante elevada y tenían muy buen nombre en la sociedad de entonces. La película deja clara esta diferencia. Sayuri, la protagonista, se convierte en un mito. Lo mismo que Hatsumomo, su rival, o Mameha, su 'hermana mayor'. Eso sí, tampoco alcanzaban jamás el estatus de esposa.
Los sutiles movimientos de las 'geishas' quedaban magnificados por los impresionantes kimonos que lucían y que eran el tesoro de sus casas u 'okiyas'. Los que la actriz Zhang Ziyi lleva en 'Memorias de una geisha' están hechos para ella a mano, incluido el teñido del tejido y los bordados, inspirados en motivos acuáticos, como sus ojos de c
olor azul.

Un kimono formal, el que se sigue utilizando para una gran fiesta, tiene unos siete metros de tela, seda en la mayoría de los casos, y necesita de la ayuda de otra persona para que quede perfecto. También los hay de hilo, más frescos para el verano. Su confección puede llevar un año de trabajo.

Primero se debe colocar una tela de algodón blanco que hace las veces de combinación y que se recubre con otra tela estampada. Después se coloca el kimono en sí, aunque la vida se la dará el 'obi', un fajín muy decorado y cuya colocación, con cordones y más telas, requiere auténtica maestría.
Si la chica quiere llamar mucho la atención, se le añadirán muchas cuerdas de colores con las que se harán formas especiales. La manera en que este 'obi' quede asegurará, como función práctica, que el kimono no se mueva, pero tambié
n que el conjunto quede precioso, que es el verdadero objetivo.
Las mangas también tienen su importancia. Las novias las llevan hasta el suelo en el día de su boda y las solteras, simplemente largas. Las mujeres casadas, "como ya son señoras" y pueden mostrar sus brazos, pueden llevar manga corta.
Sobre el kimono, también puede ir un abrigo, con motivos muy distintos y que ya consiguen una explosión de color. Para los pies, lo normal son unas chanclas con unos calcetines especiales y bastante gruesos que separan el dedo gordo del pie del resto. Con ellos deberán caminar por los recintos cerrados, ya que la costumbre ordena dejar el calzado siempre en la puerta.